Sé que me meto en todos los fregados y alguno más por el camino, pero hay tantas cosas que quiero hacer y no puedo,...
Este mes he estado haciendo un curso de fotografía.
Si tuviera todo el tiempo del mundo o si pudiera volver a elegir profesión, me encantaría ser estilista y fotógrafa de interiores. Sería una maravilla poder dedicarme a hacer fotos y fotos de cosas bonitas: comida, muebles, papelería,.....
Ahora me conformo con colocar cuatro cosas encima de la mesa mientras Pol duerme la siesta: clic, clic, clic.
Esta etiqueta tan bonita, venía acompañando la caja de mi pedido de Hola Mamá.
¿No os parece preciosa?
Por eso, a pesar de no haber tenido todo el tiempo del mundo, ha sido un placer el curso de Luisa Morón.
El hecho de tener que buscar unas horas a la semana para pensar que voy a fotografiar, prepararlo todo y luego quedarme un rato a solas con mi cámara, ha sido como encontrar unos minutos de relax en unas semanas caóticas.
Me queda mucho por aprender, pero disfruto muchísimo con ello.
Una de las muchas otras cosas que preparé durante las últimas semanas, fue el cumpleaños de mi chico mayor favorito.
Lo celebramos en la intimidad, como dirían los políticos, pero preparé cuatro cosas porque cumplir años siempre es una fiesta.
Aunque no os lo creáis no saqué ni una foto en condiciones. A veces los momentos son para disfrutarlos sin nada de tecnología de por medio.
Como somos súper viajeros y parte del regalo era un viaje, imprimí una guirnalda felicitándole con estas letras tan chulas:
Foto sacada con Instagram
Por si os apetece utilizarlas, las encontré aquí.
Los mantelitos de la cena eran mapamundis con los paises que ya habíamos visitado coloreados en colores. La idea era pintar el siguiente que queríamos visitar, pero le dimos más al vino y a la lengua que a las manualidades.
La guinda del pastel, unas velas con forma de coche para llegar bien lejos, pero juntos, eso sí.
Foto sacada con Instagram
Para la llegada de la Pascua, preparé el disfraz de conejo del peque.
La aguja y yo no somos primas- hermanas, vamos que sé coser un botón y gracias, así que sabiendo que el disfraz no le iba a durar nada puesto, me decanté por algo sencillo.
Con un poco de lana que encontré por casa preparé un pom pom que le hizo de cola. Para las orejas, utilicé fieltro gris y algodón.
Le pegué las orejas y la cola con velcro a un chandal gris, de esos que tú nunca quieres comprar pero que siempre te sacan de un apuro y terminámos con un conejo que no se dejó fotografiar y que de casa a la guardería ya se había quitado las orejas unas novecientas veces.
No me tengáis en cuenta la foto movida y los millones de juguetes encima del sofá.
Eran las 7 de la mañana, darme un respiro.
Para Jaume no hay Pascua sin mona, en Helsinki todo estaba cerrado y Txell nos lío diciendo que ella nos daba coaching vía twitter.
¡Quién dijo miedo!
Una mañana en la cocina, unas risas y unas cuantas innovaciones a la receta y este fue el resultado.
De nuevo foto de móvil. A todo no se puede estar.
Esto demuestra el dicho ese de que el que la sigue la consigue, ¿no?
¡Menos mal que las tardes en el parque sirven para quemar calorías!
Tengo otras cosas pendientes de contaros, pero dosificaremos un poco. Por mí y por vosotros.
Sólo os adelanto algo. En nada me voy de finde de chicas. La huelga de Iberia estuvo a punto de fastidiármelo, pero he podido arreglarlo y estoy deseando que llegue el Jueves.
Un pequeño adelanto de lo que os contaré el Martes.
Sorpresa, sorpresa.
¿Qué contendrá el paquete?
P.d.- Desde aquí quiero dar las gracias públicamente a las personas que trabajan de atención al público en las aerolíneas de Iberia.
Estoy segura de que muchas veces son víctimas de la rabia y el enfado provocados por otros y conmigo no pudieron ser más amables y serviciales.
Gracias.








